El día pasó, la lluvía y la noche caían sobre la ciudad, y ella seguía sin conocer respuesta alguna a sus preguntas. Mientras volvía de su trabajo, siguió pensando sobre su sueño, y su mente se iluminó. Su rumbo cambió, salió a buscarlo.
-Ojalá siga viviendo en aquella antigua casona- pensó ella. Llegó, se paró frente la puerta, y empezó a llamarlo con suaves golpes en la puerta. Llamó una, llamó dos, llamó tres, llamo catorce veces contadas y nada sucedía. -Tal vez hoy no sea mi día- se dijo. Se dió la vuelta, y se dirigió hacia su hogar, sin esperanzas y con la luna tras las nubes.
El cielo seguía llorando. Ella, llorando, ayudaba a disimular sus lagrimas.
Al llegar a la puerta de su casa lo vió. ¡Si! Él estaba allí, sentado bajo la lluvia, esperando a que ella llegara. Limpió sus lagrimas de sus mejillas y fue hacia él. Al verla se puso de pie, la saludo. Ella sorprendida lo invitó a pasar y le pregunto que lo traía por esos lados, a lo que él respondió -Tuve un sueño maravilloso...
(M. Valens)
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